Te he perseguido por tanto tiempo, a sabiendas de que nunca te
alcanzaré. Pero aun así te perseguí, en carne y huesos, en sueños, en
mente, en sangre, en llanto, en letras. Tanto fue el tiempo que te
perseguí, que fui evaporando mi esencia, intentado crear una felicidad
inexacta, intentándote alcanzar, siendo tú, un horizonte inexistente,
efímero, siempre póstumo a alcanzarte. Pero hoy, sin ningún motivo en
especial, te archivaré en mi ideario, y pasaras a formar parte
de ese tumulto de ideas inolvidables. Y si tienes suerte, algún día sin
previo aviso, te encontraré ahí, limpiare el polvo que te acobija, y
tomaremos el café en los lugares que alguna vez habitamos. Y si no te
gusta, tal vez, si me siento bien, pediremos té.

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