Ellos se miraban ansiosos. Pensaba
incesantemente en entrelazar su labios y llevar ese pequeño espacio de
destiempo en el unísono esplendor de un crujido; sin embargo sólo se escuchaba
el tenue sonido de las uñas mordidas por los dientes, crujiendo su anatomía
hasta llegar a ser un polvo celestial que se pierde en la saliva. ¿Quién dará
el primer paso?, ¿quién besará a quién? Pero el beso no es sólo propiedad de
uno. Nadie besa primero ni nadie besa a nadie. El beso, es un negocio colateral
que se comparte por un infinito de dimensiones esparcidas por el aura del
individuo. El beso no se lo puede considerar como “mío” o “tuyo”, el beso se lo
debe considerar como un “nuestro” que sobrepasa el egoísmo humano que no sabe.
Al final de todo, algo se escucha
en el silencio. Las grietas de unos labios se carcomen y crujen conforme se van
abandonando en un encantador beso compartido.
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