lunes, 19 de mayo de 2014

Pedacito



En un pedacito de coexistencia tremulosa
De color de papel y de tinta exquisita
Escucho suavemente la llegada cercana
De aquella dama de piel fina y gustosa
Aquella que seduce con sus ojos ceniza
Al caballero que cruce consigo una palabra.

En un pedacito de tarde de espigas y serenos
Me siento un poco viejo y solitario
Tomado de la mano de aquella joven mujer
Que pinta de tintas aquel pedacito de papel
Con palabras que aún no se escuchan
Con palabras que siento son nuestras.

En un pedacito de nostalgia aventurera
Siento como el corazón se acelera
Y se acelera sin medida ni cautela
Mientras las manos se desprenden de sí
Y los ojos se miran ausentes, lejanos
Casi desconocidos entre las cosas que pueden ver

Y el rabillo del ojo recuerda aquel pedacito
Con ese olor de cañaverales ondulados  y rizos
De colores verdes y negros intensos, extensos
De sabores infinitos y tiernos
Ese pedacito, ese sabor con olor distinto
Esas palabras escritas en aquel pedacito.

miércoles, 2 de abril de 2014

Un día de muerte



Has llegado nuevamente, tú muerte
Caldera de recuerdos y perfidias
Y te burlas en mi rostro desangrado
Con matices de mentes engreídas

Ese dios del que todos hablan
Aquel que acude en tu ayuda
Me mira fijamente entre sombras
Esperando mi cruel partida

Las sonatas que puedo recordar
Son melodías que preparan a los gusanos
Aquellos crueles hermanos
Que en mi carne se han de regocijar

Has llegado nuevamente, tú muerte
Etérea en mi corto caminar
Danzando dulcemente en mis caídas
Esperando el color final

Y ese ente del que todos hablan
Ese ser que se piensa superior
Me mantiene adormitado en mi ira
Me conduce a un “mundo mejor”

Incandescente se ve el día que se acaba
Y la luna atrevida muestra su ajena luz
Mientras caigo tenuemente
En el umbral de tus manos y tu cruz

lunes, 17 de febrero de 2014

Aquel Nombre



He gravado permanentemente
Tu nombre en mi mente
Que no he podido
Aprender un nombre nuevo

Te he nombrado repetidamente
Que creo que ahora
Ya no te quiero

Te repito constantemente
Sin ataduras y sin sueños
Sin verte y sin tenerte
Si abrazarte como al viento

No reconozco ninguna sílaba
De lo que llegar a ser un nombre nuevo
Que creo irremediablemente
Que ya no te quiero

Te repito en el cristal
Y tal vez en la nieve que ya no veo
Te repito constantemente
En ese tiempo que quita el sueño

viernes, 31 de enero de 2014

Una última carta



Mi pequeña, he  querido pensar todos los miserables días de mi vida en ti. Las ojeras se hinchan cada vez más de aconteceres que ya no existen, esos mismos que se mantienen encerrados por puro capricho en las esquinas más empolvadas de la mente. Mi pequeña, no he logrado expresar en su totalidad, todo aquello que se pudo decir cuando el momento fue el indicado; mi piel ya no puede expresarlo, mis ojos ya no pueden expresarlo, mis manos, mis dedos, mis uñas, ni aquel abril ya lo puede expresar. Los recuerdos son vagos, y eso me mantiene despierto la mayoría de las noches. La gente se apena de sus recuerdos, por mantenerlos vivos; yo no puedo ya recordarlos, no puedo llenarme de esa melancolía que he querido nuevamente desenfrascar y bebérmela toda. Mi pequeña, ¿aún guardas algún recuerdo mío?; puede que no lo hagas, no es necesario hacerlo, sabes bien que eso no lleva hacia ningún lado. Yo no he podido guardar ninguno de ellos. Los busco incesante en mi habitación, escrutando cada rincón de ella, en las paredes donde cuelgo tus cartas, en los cajones donde guardo los libros que olvidaste, inclusive, en los pequeños azulejos que odiabas en mí habitación; no los encuentro en los meses que se vienen encima, ni tampoco en cada amanecer que se plaga de sensaciones que aún no he logrado comprender. Mi pequeña, sabes, he pensado que este mundo es demasiado pequeño. Las cosas se juntan unas contra otras sin querer. Ayer mientras caminaba, pude darme cuenta de ello. Miraba por encima de una banqueta en el parque, un pedazo de papel que moría con la lluvia. Sus letras se extendían por todo su cuerpo, bañándose en olvido impertinente; aquellas palabras que nunca supe han quedado en el olvido, apretándose unas contra otras hasta convertirse en una masa sin forma, en una mancha que choca con el panorama; me he dado cuenta que todo eso pasó desapercibido para todo el mundo, y ese mundo pequeño, del que te hablo, se pudo conjugar en los pensamientos irreconocibles de aquello que alguna vez fue. Tú y yo fuimos, y ahora sólo podemos ver esa mancha que no encaja en el panorama, volviéndose cada vez más negra y espesa, y al mundo reducido no le importa eso. Todos se juntan alrededor sin ver, todos se mezclan entre todos y se convierten en unos ojos que quieren obviar eso que ya no está y que nunca se sabrá. Mi pequeña, ¿puedo decirte que he enfermado?, no sé si pueda decírtelo, o deba decírtelo, o simplemente deba callarlo. He visto como mis manos se arrugan, las he visto decaer constantemente en un placer que no lleva hacia ningún lado. Mi pequeña, creo que debo decirlo, he enfermado profundamente. Mi cuerpo ya no es el mismo. Ya no soy el mismo al hablar, ni tampoco al caminar; he dejado de pasearme por lo que llamábamos nuestro, y ahora sólo siento un gran vacío en ese lugar; ya no puedo verme de la misma manera, me he convertido en un egoísta, que no hace más que hablar de lo que no viví contigo. Mi pequeña, los únicos recuerdos vagos que he podido rescatar de ti, son los que nunca se dieron. He pensado mucho en ello, he visitado los lugares donde no debía entrar, y en ellos encontré lo que quise hacer alguna vez, contigo, con tu alma, con tu cuerpo, con mi pequeña que ahora no sé dónde está. Los he visto a los ojos, y he temblado de miedo. He temblado de miedo por no verlos realizarse jamás. He visto la miseria en sus ojos, sus ansias por vivir no simplemente en mi pensamiento; he visto sus ganas de estallar y ser palpables, esas ganas que tienen de sentir el aire de la vida, de morir en un fabuloso recuerdo que no encuentro en ningún lado. Mi pequeña, he decidido por eso, que no tengo que escribirte nuevamente, aunque las ansias me carcoman por dentro, aunque mis manos se arruguen más y el mundo se reduzca a una gota de rocío. No puedo decir que he decidido olvidarte, porque eso es algo que sé que puedo hacer. Mi pequeña, no sé cómo empezar esta carta que te escribo, no sé qué decir en ella, no sé si en algún momento la leerás…

lunes, 27 de enero de 2014

Crujido



Ellos se miraban ansiosos. Pensaba incesantemente en entrelazar su labios y llevar ese pequeño espacio de destiempo en el unísono esplendor de un crujido; sin embargo sólo se escuchaba el tenue sonido de las uñas mordidas por los dientes, crujiendo su anatomía hasta llegar a ser un polvo celestial que se pierde en la saliva. ¿Quién dará el primer paso?, ¿quién besará a quién? Pero el beso no es sólo propiedad de uno. Nadie besa primero ni nadie besa a nadie. El beso, es un negocio colateral que se comparte por un infinito de dimensiones esparcidas por el aura del individuo. El beso no se lo puede considerar como “mío” o “tuyo”, el beso se lo debe considerar como un “nuestro” que sobrepasa el egoísmo humano que no sabe.
Al final de todo, algo se escucha en el silencio. Las grietas de unos labios se carcomen y crujen conforme se van abandonando en un encantador beso compartido.